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LA ARQUITECTURA MEXICANA: RAÍCES Y FUTURO.
M. Arq. Alfredo Ambriz Tapia.

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ablar de la Arquitectura Mexicana y de su papel en el entorno mundial nos compromete primeramente a entenderla y definirla. Entonces, ¿qué es la Arquitectura Mexicana? ¿Hablamos acaso de aquella arquitectura espontánea que surge del pueblo, y que aunque auténtica, no es el resultado de un estudio profundo? ¿O es la que se analiza en los libros e incluso se construye a nivel internacional?

La respuesta a estas preguntas nos lleva a examinar las influencias que dan origen a la expresión arquitectónica del pueblo mexicano, fusión de culturas y cruce de caminos.
México como país no surge sino hasta la época de la conquista, donde se fusionan las dos influencias más importantes que se han reflejado en la producción arquitectónica de México: la Mesoamericana y la Colonial.
La primera nos hereda una concepción muy especial del espacio abierto, la integración plástica y la masividad en el manejo de los volúmenes,
mientras que la segunda, a través de sus propias raíces árabes, nos aporta una arquitectura con un amplio respaldo artístico e histórico de la Europa de la época y valiosos aportes en el diseño urbano y ambiental a través de las Leyes de Felipe II.

Pero ninguna herencia arquitectónica es estática. Nuestro país desde sus orígenes ha sabido integrar las aportaciones culturales relevantes en cada periodo en su búsqueda interminable de un lenguaje propio.
Cuando el mundo abrazó las ideas funcionalistas de una arquitectura internacional, México respondió con una arquitectura que traicionaba fuertes influencias culturales.

Y es que la arquitectura mexicana, con sus constantes de luz, color y textura, nunca ha prescindido de su vinculación al lugar y a la sociedad a la que sirve, lo que le permite superar visiones puramente folkloristas.
Nuestra arquitectura siempre ha sido más que una técnica enfocada a cumplir las necesidades básicas, y ha sabido expresar plásticamente su compromiso con el amplio legado simbólico, antropológico y cultural del pueblo que representa.

Es por ello que nuestras soluciones son ricas y diversas. Nuestra variedad de climas ha sido enfrentada con soluciones bioclimáticas ingeniosas y profundamente ligadas al paisaje natural.

Desde la arquitectura mesoamericana, que entablaba un íntimo diálogo con el paisaje y el patio colonial con su potencial para crear microclimas a través de los elementos naturales, hasta las soluciones contemporáneas en donde la arquitectura y el diseño se integran, se percibe el reconocimiento de la relevancia del entorno y la necesidad creciente de respeto al medio…

De allí han surgido respuestas como la que Luis Barragán ha aportado como autor icónico de nuestro pueblo a nivel internacional. Sus conceptos de Magia, y Sorpresa aplicados a una arquitectura calificada de emocional son un cuestionamiento directo al funcionalismo crítico que el mundo esgrimía. Son expresión sencilla y elegante a la vez de un pueblo para el cual el uso espontáneo del color, el muro, la naturaleza y la luz es un legado inolvidable, aún en nuestros días.

Sin embargo, la trayectoria de la arquitectura mexicana no se detiene aquí. Los diferentes periodos históricos, que han dejado su sello en el patrimonio construido de nuestro país, han tenido impactos diversos que deben estudiarse para poder responder cabalmente a la pregunta inicial que busca una interpretación contemporánea válida para nuestro mundo globalizado.
Es entonces cuando el estudio y el análisis de las respuestas de nuestra cultura a las influencias exteriores nos permite entender el lugar que la arquitectura mexicana ocupa en el entorno mundial y su futuro.

Basta con mirar a la escasa producción arquitectónica postmoderna y deconstructivista de nuestro país para entender que las raíces filosóficas y culturales tienen relevancia en una profesión que cada vez más parecería que tiende a la imitación formal en una aparente búsqueda de un lenguaje universal.

El primer estilo, el postmoderno, aunque contó con muy respetables conversos, es ahora aparentemente ajeno a nuestro legado cultural, mientras que el segundo, a decir de los críticos, no ha tenido cabida fuera de las aulas donde se enseña y ensaya la profesión.
El desarrollo actual parece pues encaminarse a la exteriorización de una cultura nacional y un cambio tecnológico en términos formales y en el manejo de los materiales. El resultado de reinterpretaciones sucesivas pero con una sola arquitectura como fuente creativa.

Bajo esta óptica, y ante la escasa capacidad del postmodernismo de reflejar una serie de valores universales, se habla hoy de un regreso a la arquitectura moderna, que a la manera de ser en nuestro país, no se agotó. Sin embargo, está fuertemente influida por formas que pretenden ser radicales y contemporáneas sin realmente serlo.
Es allí donde el análisis que la academia hace de la historia de la arquitectura bajo una óptica integral, inclusive de aquella en la que los autores no nos dejan sus ideas sino sus obras, nos permite hacer aportaciones valiosas para el entorno profesional.

Regresamos entonces a la pregunta inicial, que ahora parece imposible de contestar sin ese análisis que necesariamente, y por el sello de la integración plástica, debe hacerse involucrando a todas las disciplinas creativas.
El interiorismo, el paisajismo, el diseño gráfico y el diseño industrial transitan bajo influencias similares, inmersas en una fusión de minimalismo con tintes modernistas-racionalistas y de regionalismo crítico. Pero en todas estas disciplinas se percibe el reflejo de una riqueza cultural que, ante la influencia creciente de una internacionalización inevitable, no deja de voltear la mirada a sus raíces buscando la reinvención constante y la vigencia permanente.

PALABRAS PRONUNCIADAS POR EL ARQ. ALFREDO AMBRIZ TAPIA EN EL MARCO DEL ENCUENTRO INTERNACIONAL ASIA-JALISCO EN LA UNIVERSIDAD AUTÓNOMA DE GUADALAJARA, AGOSTO 2005.

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